Mes de menciones literarias

Hubo una época en que uno confiaba en sus cuentos, amenos y un poco ñoños (dice Juan Bas que a veces tienen un aire como a vieja peli de Frank Capra), sobre todo cuando en 2006 (o fue 2007?) publiqué en la Parábola de los talentos de Gens y quedé finalista del NH. Después, todos mis intentos de publicarlos en varias editoriales y mis tentativas fallidas de concursos a lo largo de los últimos años me han ido desanimando del todo a seguir escribiendo (todo el mundo suele estar de acuerdo en que para esto de escribir no sólo hay que estar loco sino además creerse el puto amo).
Pero la bicha se agita. Ronronea contra tus piernas y te lame el lóbulo de la oreja, y sientes la insoportable tentación de volver a acariciarla, aunque sabes que a poco que vuelvas a intentarlo, se revolverá y te morderá la mano. Esto es una enfermedad, a qué negarlo, crónica y sin tratamiento, como un colon irritable o una parafrenia. Así que aunque uno lo ha intentado, no ha podido parar de escribir, poco y mal, más que a ratos.
Como resultado, este mes pasado de octubre, me ha sido pródigo en menciones literarias: Me han concedido el I Premio de Relato "Lar Gallego de Sevilla" y un premio semanal del certamen Relatos en Cadena de la SER/ Escuela de Escritores, y he quedado finalista del "Villa de Murchante" (Véase Martín de Arriluce). Al parecer, esto de las recompensas literarias es cíclico y va y viene como las mareas. Supongo que la moraleja es Nunca Dejes de Intentarlo, Hijo.
Madrid, Madrid

Tantas veces me había bastado vagar por Madrid –¿encontraría a la flaca?–, vagar una vez más entre la carrera de San Jerónimo y la calle de Alcalá, rastrear la calle por Barquillo y Almirante hasta las Salesas, hasta Alonso Martínez, hasta encontrarte como siempre donde siempre y compartir contigo una caña y unos pocos besos en un café de Regueros o en una tasca de la calle San Mateo. Volver contigo a las tabernas de la calle Echegaray, de Cardenal Cisneros, al Bilbao de Madrid, a Malasaña, al café de Manuela, al Principal, al de Ruiz o al Isadora… Coger un metro, ese metro de las líneas antiguas, Esperanza-Argüelles, Canillejas-Aluche, de olor a polvo subterráneo y a vainilla; ese metro que nos llevaba a algún estreno, que uno dejaba en Tirso de Molina o en Gran Vía para conocer otro teatro más, otra reforma de la reforma de un edificio en ruina técnica desde la Transición, para ir a ver una versión libre de una adaptación de un resumen de una obra de Ionesco basada en un cuento de Chejov e interpretada al estilo de Beckett con diálogos de Genet por media docena de actores y actrices desnudos en un escenario negro (...)
De Cariño gordo, en Obras Repletas (RPI BI-666-07)
Texto y foto © Ignacio Jáuregui Presa (bajo licencia de ColorIuris)
Yo mi me conmigo
Qué nos queda de Ibiza

Las islas Pitiusas, donde nuestros hermanos mayores descubrieron el amor libre y la marihuana entre calas repletas de peces de colores, y donde James Taylor compondría Carolina in my mind en un ataque de morriña (inexplicable), han sido a lo largo de las décadas un paraíso asediado por todo tipo de piratería, desde los antiguos berberiscos armados en corso a los modernos tiburones del ladrillo y la hipoteca ejecutable. Hoy, al margen de chiringuitos italianos, traficantes de juerga química y yates de nuevo rico, las Pitiusas sobreviven en verano sin idioma ni nación, convertidas en una Babel de gentes tostadas y tatuadas en las que el pan payés, cuando se encuentra, te lo despacha una licenciada argentina. Esto es lo que nos queda, que no es poco.
El rostro femenino en la pintura
Women In Art from Philip Scott Johnson on Vimeo.
Por cortesía de Pina Jaraquemada, aquí este increíble montaje de Philip Scott Johnson
Música: Zarabanda de Bach de la Suite para Cello No. 1 en Do Mayor. Intérprete: Yo-Yo Ma
Nominado al 2º premio YouTube Anual
Lista completa de artistas y pinturas en http://www.maysstuff.com/womenid.htm
Una tarde en Varsovia

Uno ha estado dos veces en Varsovia, como estudiante becado en julio de 1981 (pocos meses antes del golpe de estado del teledirigido Wojcziech Jaruzelski), y el pasado fin de semana, casi 30 años después. La ciudad ha cambiado, pero no tanto, y sigue manteniendo la distinción (doy fé) de tener los camareros más lentos del mundo. Así he visto Varsovia en 2009, en una tarde libre.
Mis relatos con Faes Farma

Por iniciativa de gentes de la empresa como Cristina López San Martín y Juan Luis Basterra, Faes Farma acaba de editarme en un libro los cinco relatos que he ido enviando a su certamen anual de cuentos para médicos y farmacéuticos desde 2004. Se trata de una edición especial en plan regalo sorpresa, que me ha hecho más ilusión que si hubiera publicado una trilogía de novelas en Anagrama.
El título es de Javier Sagarna, autor de soberbios relatos y de la novela Mudanzas (Gens Ediciones, Madrid, 2006) y director de la Escuela de Escritores de Madrid, parafraseando uno de mis cuentos y uno de los nombres de guerra con los que todavía me presento a algún concurso (como si uno todavía tuviera edad para ir por ahí de Operación Triunfo). Javier se ha molestado además en escribir el prólogo Mutatis mutandi, un panegírico autorreferencial que más que un panegírico, es una hagiografía, y que me ha puesto a hacer pucheros (es la edad).
Un millón de gracias, Javier. Te debo una (Y no sé cuántas van ya). Y otro millón de gracias para las gentes de Faes Farma.
Ich träumte mit Blick aufs Meer

es el título que el traductor le ha puesto a mi cuento Mirando al mar soñé en la versión alemana (de impecable traducción según mi amiga germana Ana Maurer) y que las gentes de NH me acaban de hacer llegar amablemente. La versión inglesa (Gazing out to sea I dreamt ) también está muy bien, aunque en la nota biográfica se afirme que Ignacio Jáuregui was born in Madrid, o sea a 400 km de mi Bilbao natal...
Si váis por los hoteles NH de este mundo, no dejéis de leerme en inglés o en alemán, que cuando menos, viste muchísimo. Y lo mismo, hasta aprendéis idiomas.
Contar, Cortázar

Los cuentistas inexpertos suelen caer en la ilusión de imaginar que les bastará escribir lisa y llanamente un tema que los ha conmovido, para conmover a su turno a los lectores. Incurren en la ingenuidad de aquél que encuentra bellísimo a su hijo, y da por supuesto que los demás lo ven igualmente bello. Con el tiempo, con los fracasos, el cuentista capaz de superar esa primera etapa ingenua, aprende que en literatura no bastan las buenas intenciones. Descubre que para volver a crear en el lector esa conmoción que lo llevó a él a escribir el cuento, es necesario un oficio de escritor, y que ese oficio consiste, entre otras cosas, en lograr ese clima propio de todo gran cuento, que obliga a seguir leyendo, que atrapa la atención, que aísla al lector de todo lo que lo rodea para después, terminado el cuento, volver a conectarlo con su circunstancia de una manera nueva, enriquecida, más honda o más hermosa. Y la única forma en que puede conseguirse ese secuestro momentáneo del lector es mediante un estilo basado en la intensidad y en la tensión, un estilo en el que los elementos formales y expresivos se ajusten, sin la menor concesión, a la índole del tema, le den su forma visual y auditiva más penetrante y original, lo vuelvan único, inolvidable, lo fijen para siempre en su tiempo y en su ambiente y en su sentido más primordial.
Julio Cortázar, Sobre el cuento

Desde tal día como hoy, esta bitácora queda mancomunada con los blogs del diario digital Diariocritico.com, dirigido sabiamente (como es propio en esta familia) por el periodista (y primo de uno) Fernando Jáuregui.
