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Resumen

Nosotros tomar la decisión correcta*

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Creo que por fin lo entendemos. Basta con oír esta brevísima grabación para comprender al fin la cumbre de las Azores. Cinco años después, el profesor de la Universidad de Georgetown (!) nos dice con su inefable acento que We take the right decision. A ver si al final fue un problema de inglés: o sea, que Aznar no se enteró, no supo bien qué le estaban contando Bush y Blair, y se perdió todos los detalles.

Amnesty International puede aclararle, en buen castellano, algunos de los logros de Azores, cinco años después.

*Con agradecimiento a mi primo Fernando Jáuregui, por difundirme el 'post' en su bitácora política.

Miércoles, 19 de Marzo de 2008 17:55. Autor: Ignacio Jáuregui. Enlazar artículo. Hay 5 comentarios.

Otro encuentro con la belleza y la dificultad

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“She saw herself on the London-bound platform of Oxford railway station, nine o’clock in the morning, violin case in her hand, a sheaf of music and a bundle of sharpened pencils in the old canvas school satchel on her shoulder, heading towards a rehearsal with the quartet, towards an encounter with beauty and difficulty, with problems that could actually be resolved by friends working together.”

Ian McEwan, On Chesil Beach 

Con su última novela corta, una vez más, McEwan ha vuelto a sorprenderme y, como siempre, a darme unas ganas enfermizas de ponerme a escribir.

 

En Chesil Beach  se narra paso a paso la noche de bodas de Edward y Florence y su desenlace en 1962, en una Inglaterra culta y puritana (un año antes de que en Inglaterra se empezara a follar, según Philip Larkin). Los protagonistas tienen poco más de veinte años y se conocieron en una manifestación en contra de la armas nucleares. Edward, estudiante de Historia y aficionado a la música rock, es hijo de un maestro de pueblo y una madre afecta de una demencia orgánica. Florence es una chica de clase media alta, violinista en un cuarteto de cuerda, y en cuya preciosa casa de Oxford se come hasta yoghourt. Los dos son vírgenes, y cándidos, el día de julio de 1962 en el que contraen matrimonio. Su noche de bodas en un hotel de Chesil Beach (Dorset) es el pretexto para el dibujo de una época, y para contarnos una contenida historia de amor que pudo haber sido y no fue. La inocente aversión al sexo de Florence -nadie, nadie sabe meterse como McEwan en la piel y el sistema límbico de la mujer más lúcida- y la humillación de Edward en un tiempo en el que hablar de sexo era impensable, desembocan en el modo en que puede cambiarse por completo el curso de una vida: no haciendo nada. Y al final de la novela, en un rápido bosquejo de varias décadas, McEwan lo deja a uno (de nuevo) con esa melancolía insoportable que a veces produce la certeza del paso del tiempo. 

Ah, si uno supiera escribir así. 

Viernes, 21 de Marzo de 2008 10:15. Autor: Ignacio Jáuregui. Enlazar artículo. Tema: Confieso que he leído Hay 2 comentarios.