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Contar, Cortázar

Los cuentistas inexpertos suelen caer en la ilusión de imaginar que les bastará escribir lisa y llanamente un tema que los ha conmovido, para conmover a su turno a los lectores. Incurren en la ingenuidad de aquél que encuentra bellísimo a su hijo, y da por supuesto que los demás lo ven igualmente bello. Con el tiempo, con los fracasos, el cuentista capaz de superar esa primera etapa ingenua, aprende que en literatura no bastan las buenas intenciones. Descubre que para volver a crear en el lector esa conmoción que lo llevó a él a escribir el cuento, es necesario un oficio de escritor, y que ese oficio consiste, entre otras cosas, en lograr ese clima propio de todo gran cuento, que obliga a seguir leyendo, que atrapa la atención, que aísla al lector de todo lo que lo rodea para después, terminado el cuento, volver a conectarlo con su circunstancia de una manera nueva, enriquecida, más honda o más hermosa. Y la única forma en que puede conseguirse ese secuestro momentáneo del lector es mediante un estilo basado en la intensidad y en la tensión, un estilo en el que los elementos formales y expresivos se ajusten, sin la menor concesión, a la índole del tema, le den su forma visual y auditiva más penetrante y original, lo vuelvan único, inolvidable, lo fijen para siempre en su tiempo y en su ambiente y en su sentido más primordial.
Julio Cortázar, Sobre el cuento
Profunda Norteamérica

Uno, que es medio de ciencias, no sabe escribir reseñas. Además, esto de escribir reseñas puede ser como felicitar los cumpleaños: al que no le felicitas, lo mismo parece que le tienes manía, y al final sólo consigues un montón de agravios… Así que uno nunca escribe reseñas. Ocurre, sin embargo, que al parabólico Juan Carlos Márquez (Bilbao, 1967) ya se le ha mentado en esta bitácora, no sólo con motivo, precisamente, de la antología Parábola de los Talentos de Ed. Gens, sino también en razón de su último premio importante, el Tiflos de la ONCE, con un libro de cuentos muy original, muy divertido, muy loco y muy bien estructurado: Oficios (Ed. Castalia, 2008), del cual se han hecho ya maravillosas reseñas blogueras (ver al menos las de Miguel Angel Muñoz Chéjov y Pepe Cervera), que me siento incapaz de mejorar. Aún no he leído, sin embargo, ningún comentario de su otro libro de cuentos recién publicado, Norteamérica profunda, premio del VIII Certamen de Relatos del Ayto. de Montijo (Badajoz) ya en 2005, aunque acaba de publicarse*.
Y en verdad, en verdad os digo que me parece un premio discreto para un libro de cuentos tan enorme. Cinco enormes cuentos con la Norteamérica más profunda de telón de fondo, con americanos de carne y hueso que hablan y se mueven de tal modo que le permiten al autor jugar con el mejor y más musical español, utilizando recursos del realismo sucio, las pelis de carretera o los cuentistas americanos de posguerra (de Capote a Salinger) con humor, ternura sutil e inteligencia. Un libro que te agita las emociones y te inclina al llanto, bien de risa (Los jueves de Pleasent, por ejemplo) o de desasosiego y seca melancolía (El espíritu del Norte, por ejemplo). Y en el que se escribe lo más agudo que he oído o leído nunca sobre la lectura:
“Viajar a tierras y épocas remotas sin moverse del sitio. Vivir otras vidas. Esos son los verdaderos beneficios de la literatura. Cuando uno los descubre (…) no hay retorno posible. En sí el hecho no deja de ser un cuchillo de doble filo: los libros son una vía de conocimiento, pero también una forma temprana de resignación”.
Gracias por este librito, Juan Carlos, que me ha alegrado un poco este verano mío tan poco americano y tan resignado, tan de hipoteca, de huerta y de tardes de playa grisácea en familia.
*Razón: www.tresrosasamarillas.com
El libro negro de los cuentos

Antonia Susan Byatt (Sheffield, Inglaterra, 1936) ha escrito las novelas Posesión, que ganó el premio Booker en 1990, y Ángeles e insectos –en realidad dos novelas cortas yuxtapuestas, Morpho Eugenia y El ángel conyugal-, ambas publicadas en España por Anagrama, así como una infinidad de cuentos, poemas y ensayos literarios de los que uno jamás había oído hablar, aunque todo ello está publicado hace mil años.
Little Black Book of Stories (El libro negro de los cuentos, en la impecable traducción de Susana Rodríguez-Vida para Alfaguara) tampoco es ninguna novedad. Se trata de una colección de cinco cuentos preciosos e inquietantes, en los que A.S. Byatt demuestra que conoce y domina todos los resortes de la narrativa, que tiene una prosa de lo más imaginativa, con una pincelada siniestra y muy personal, y que está como una cabra, al menos tanto como su paisana PD James; pero igual que PD James, también te está contando otra cosa que lo que parece contarte, por detrás del paisaje rural y de ese tono frío y horrible de forense.
Cada uno de los relatos es una oleada de inquietud para cualquier lector. Pero si uno además es lectoescritor, se hace imprescindible leer el relato Material en bruto, en el que, con el pretexto de un taller de narrativa provinciano, la Byatt confunde al lector con un siniestro juego entre el material literario y la realidad más espantosa. Una lección magistral de cómo atrapar al lector, contando lo que se cuente.
Otro encuentro con la belleza y la dificultad

“She saw herself on the London-bound platform of Oxford railway station, nine o’clock in the morning, violin case in her hand, a sheaf of music and a bundle of sharpened pencils in the old canvas school satchel on her shoulder, heading towards a rehearsal with the quartet, towards an encounter with beauty and difficulty, with problems that could actually be resolved by friends working together.”
Ian McEwan, On Chesil Beach
Con su última novela corta, una vez más, McEwan ha vuelto a sorprenderme y, como siempre, a darme unas ganas enfermizas de ponerme a escribir.
En Chesil Beach se narra paso a paso la noche de bodas de Edward y Florence y su desenlace en 1962, en una Inglaterra culta y puritana (un año antes de que en Inglaterra se empezara a follar, según Philip Larkin). Los protagonistas tienen poco más de veinte años y se conocieron en una manifestación en contra de la armas nucleares. Edward, estudiante de Historia y aficionado a la música rock, es hijo de un maestro de pueblo y una madre afecta de una demencia orgánica. Florence es una chica de clase media alta, violinista en un cuarteto de cuerda, y en cuya preciosa casa de Oxford se come hasta yoghourt. Los dos son vírgenes, y cándidos, el día de julio de 1962 en el que contraen matrimonio. Su noche de bodas en un hotel de Chesil Beach (Dorset) es el pretexto para el dibujo de una época, y para contarnos una contenida historia de amor que pudo haber sido y no fue. La inocente aversión al sexo de Florence -nadie, nadie sabe meterse como McEwan en la piel y el sistema límbico de la mujer más lúcida- y la humillación de Edward en un tiempo en el que hablar de sexo era impensable, desembocan en el modo en que puede cambiarse por completo el curso de una vida: no haciendo nada. Y al final de la novela, en un rápido bosquejo de varias décadas, McEwan lo deja a uno (de nuevo) con esa melancolía insoportable que a veces produce la certeza del paso del tiempo.
Ah, si uno supiera escribir así.
"Expiación" o McEwan reinterpretado por Wright

Ian McEwan (Gran Bretaña,1948) forma parte de esa generación de los llamados Young British Novelists (algún día fue joven). Expiación (Atonement), considerada por muchos como su mejor novela (a años-luz, desde luego, de la premiada Amsterdam, por ejemplo) se mueve a lo largo de 400 minuciosas páginas desde el mundo de la burguesía rural inglesa del primer tercio del siglo XX a la realidad de la 2ª Guerra Mundial; pero muy por encima de todo este pretexto argumental, lo convence a uno del valor vitriólico de la calumnia más insensata, del efecto amplificador de la mentira, y de que no hay enemigo pequeño cuando media un amor no correspondido y una imaginación desatada y nada inocente. También, y sobre todo, reflexiona sobre el hecho de que en esta vida, no siempre es posible la expiación de la culpa mediante el sacrificio como penitencia autoimpuesta; que quizá, a veces, sólo nos quede el recurso de la narrativa y la invención expiatoria.
Verano de 1935. Casa de campo de la familia Tallis (formada por un alto funcionario estatal que nunca está; la madre Emily, con su aguda inteligencia y su jaqueca; los hijos mayores, Leon y Cecilia; y Briony, la narradora-protagonista de trece años). Se reúnen en el día más caluroso de verano la familia Tallis en pleno; Robbie Turner, el hijo del ama de llaves protegido de la familia, y amante secreto de Cecilia; y los primos de Londres (la adolescente Lola y dos pequeños gemelos), víctimas de un matrimonio divorciado, invitados a su pesar a casa de los Tallis y forzados a la representación doméstica de la obra teatral de la pequeña Briony, en honor del hermano mayor, Leon; éste vuelve de la Universidad con el invitado Paul Marshall, un joven empresario del chocolate… De aquí se dibuja una primera parte de construcción impecable, con una pincelada literaria minuciosa y exacta (y de traducción perfecta), en la que se cruzarán cartas y visiones equívocas, y que culminará con la fuga de los pequeños gemelos, y la violación final de la prima Lola, atribuída a Robbie por una Briony confundida (y despechada), ante la impotencia y la incredulidad de el mismo Robbie y de Cecilia.
La segunda parte del libro es en realidad una novela corta incrustada en el argumento, y recoge con crudeza y, sin embargo, de forma plástica y distinta, el episodio bélico de la retirada británica de la Francia ocupada hacia Dunkerque. Un Robbie alistado para evitar la cárcel vaga por Normandía con un par de compañeros, buscando las columnas en retirada a las que incorporarse, sin tomar conciencia de que estas columnas son un objetivo prioritario de la aviación alemana. En la tercera parte, una Briony ya casi veinteañera, que lleva dentro la culpa de su calumniosa acusación de violación contra Robbie, trata de seguir los pasos de su hermana Cecilia como enfermera de guerra sin la menor vocación, sólo para tratar de expiar su insostenible sensación de culpa, y que finalmente comprobamos en la cuarta parte del libro (Londres, 1999) que sólo ha tenido oportunidad de expiar mediante la catarsis de la narrativa.
Expiación es una gran novela, y también una película notable. Sin embargo, la cinta de Joe Wright (Orgullo y prejuicio), a pesar de un guión impecable, una dirección hábil y una ambientación fabulosa, resulta algo plúmbea, lenta y espesa a ratos, lo que desmerece completamente de la novela. La introspección de los personajes trata de quedar patente a través de un acting teatral y riguroso, en el que el ritmo se estanca; todo ello a pesar de un reparto fabuloso, con Keira Knightley y James McAvoy maravillosos en los papeles de Cecilia y Robbie Turner, y en el que sólo desmerece alguna actriz (la joven enfermera Briony a los dieciocho, interpretada por una Romola Garai apática e inadecuada, de cara inexpresiva como un adoquín).
Con ello y con todo, creo que la propuesta de Expiación es muy brillante, tanto en la narrativa como en el cine, y que siempre vale la pena asomarse a Ian McEwan de cualquier forma.
Nicolás Muñoz gana el IV Premio Internacional de Narrativa Javier Tomeo
La Universidad Rey Juan Carlos ha concedido el IV Premio Internacional de Narrativa Javier Tomeo, dotado con 12.000 €, a la novela Cenizas, de Nicolás Muñoz Avia, de 45 años, guionista y director de cine, y compañero eventual de este viejo, resignado escritor dominguero en los cursos de narrativa de la Escuela de Escritores de Madrid. Así lo ha decidido por unanimidad un jurado compuesto por algunos de los principales críticos literarios del país: María Luisa Blanco, ex directora de 'Babelia' de El País; Blanca Berasategui, directora de 'El Cultural' de El Mundo; Fernando Rodríguez Lafuente, director del suplemento cultural del diario ABC; Ramón Pernas, director del departamento cultural de El Corte Inglés, y el escritor Alfonso Fernández Burgos (Al final de la mirada, Skins). Al premio concurrieron más de 200 autores.
En Cenizas, un atribulado constructor ve crecer a su hijo adolescente al otro lado del pasillo, convertido en una incógnita. Amistades y actividades del hijo son analizados por ambos padres con una mezcla de desconcierto y falta de autoridad, mientras a su alrededor se derrumban las cenizas del edificio Windsor de Azca, el matrimonio de la cuñada, la abuela senil y enferma allá en Segovia, y las (escasas) convicciones de todos ellos, al hilo de la evocación culpable de un remoto compañero de mili, siempre presente. Es una novela con un tono fantástico y uniforme y una redacción límpida y sencilla que, aún cuando lo que cuente no pueda ser más serio, mantiene el comedido sentido del humor de su autor en cada página.
Nicolás Muñoz es autor del documental El viaje de Susu (2003), de cinco cortos y del largometraje Rewind (1999), récord mundial de bajo presupuesto; y actualmente está en trance de rodar la película Animales de compañía, sobre un guión escrito a medias (como el de Rewind) con su hermano, el también escritor y guionista Rodrigo Muñoz Avia (Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos, Vidas terrestres).
Enhorabuena, Nicolás, desde esta humilde bitácora, que te mereces este premio y otros cien mil que te den.
Juan Bas, premio Euskadi 2007 de literatura en castellano
El escritor, guionista y columnista de prensa bilbaíno Juan Bas (Bilbao, 1959) ha ganado con su obra Voracidad (Ediciones B) el Premio Euskadi 2007 de Literatura en castellano, que concede el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco a novelas publicadas en el ámbito nacional. Voracidad relata las aventuras de Pacho Murga, un bilbaíno pijo venido a menos, ácrata, comilón, bebesinsed y buscavidas, que ya aparecía en su novela anterior más celebrada, Alacranes en su tinta. Según EL PAÍS, humor ácido al servicio de un retrato demoledor de la España gobernada por la derecha, en el que aparecen el sexo, la televisión, la venganza y el amor por Internet, y cuyo título ya apunta al afán bulímico que tiene una sociedad que todo lo devora hasta consumirse a sí misma, según el jurado.
Juan Bas reconoce el continuo exceso en el contenido y la forma, su ’marca de fábrica’, en esta especie de mezcla de “esperpento y de novela de costumbres”. Y digo yo, que conozco de muy largo la postura vital, estética e ideológica de Juan Bas: aparte de los miembros del jurado ¿se habrá leído alguien más Voracidad en nuestro poco multicolor Departamento de Cultura?
Enhorabuena, Juan, y que lo disfrutes con salud y bulimia.
Borges y el "problemático ejercicio de la literatura"

"Hladík había rebasado los cuarenta años. Fuera de algunas amistades y de muchas costumbres, el problemático ejercicio de la literatura constituía su vida; como todo escritor, medía las virtudes de los otros por lo ejecutado por ellos y pedía que los otros lo midieran por lo que vislumbraba o planeaba...".
Jorge Luis Borges. El milagro secreto
Artificios (1944)
Creo que es necesario releer a Borges, aunque sea con un diccionario al lado, aunque su nivel de erudición pueda resultar a veces desesperante; al menos, es breve, lo que siempre se agradece. Y resulta grato, y extraño, que sesenta y tantos años después de haber escrito estos relatos tan mínimos, haya conseguido llenar de nuevo de inquietos recuerdos mis noches de insomnio, como las del pobre Ireneo Funes.
Ella y su orgía en Nietzsche

Ana Muñoz de la Torre, alter ego de Ella y factótum del blog La orgía perpetua, os espera hoy viernes 25 a eso de las 20:00 h. en el bar Nietzsche de Madrid http://nietzsche.com.es para presentar su primer hijo en letra impresa. Lo digo por si alguno no se había enterado todavía.
www.laorgiaperpetua.com, nacida como blog, y después ya página web como mandan los cánones, es una originalísima bitácora, que toma su nombre de aquella frase de Flaubert: La única forma de soportar la existencia es aturdirse en la literatura como en una orgía perpetua. Con una cuidada estética, como de burdel fino de los años veinte, esta cordobesa con cara de Romero de Torres viviente (http://www.gens.es/autores/ana-munoz-de-la-torre.php) lleva aturdiendo a un personal cada vez más amplio y variopinto a lo largo de los dos últimos años, con una serie de posts literarios que viene a ser un diario, un salón de los pasos perdidos de la treintañera Ella: Ella y la literatura, y la piscina, y el metro, y el dentista, y el tango, y las XX, y los XY, y las relaciones confusas de unos y otros. Y el sexo, claro, omnipresente en esos posts llamados lametazos y en los comentarios que Ella llama gemidos. Pero nada del sexo que estás pensando tú, oh marrano o marrana: Esta orgía perpetua es la de la melancolía, la de las dudas, la de los amores asimétricos y las amistades que llaman al telefonillo de uno a las cuatro de la mañana llorando a moco tendido, la de la reflexión metafísica postcoitum a las tantas de la madrugada. Es un cuadro perpetuo de Edward Hopper con música perpetua de Madeleine Peyroux. La orgía de Ella, y nada más. Y nada menos.
Desde aquí (y ya que no va a ser posible de ningún modo, maldita sea mi suerte, estar en Madrid hoy viernes) le deseamos a Ana Muñoz de la Torre que esta aventura impresa tenga el exitazo que se merece. Y bravo para las gentes de Gens, con los deseos de que persistan en iniciativas así de originales, que han de convertirlos, por lo menos, en la nueva Siruela. Y si no, al tiempo.
Decía Graham Greene...

¿Habrá en el mundo algún remoto rincón donde un escritor conocido no se tope al instante con personas adultas que todavía desean ser escritores? ¿Encontrarán los médicos hombres maduros que aún desean doctorarse?
Graham Greene, En busca de un personaje