Mandáte mudar, boludo (III)

20080415210726-pariscafe3.jpg

 

Ignacio Jáuregui

Publicado en "Relatos de Mente" © Faes Farma, 2004

En primer lugar, yo nunca había pensado seriamente en casarme, y si lo hubiese hecho, me habría gustado invitar a mi familia y a todos mis amigos, o si me apuran, incluso haber volado hasta Buenos Aires a conocer a mi familia política y perpetrar allí una emotiva ceremonia nupcial de sabor porteño, con bandoneón y todo. Pero no.

 

Nos casamos de vuelta hacia España, tras cruzar unas pocos cientos de kilómetros de autopistas a través de Bélgica y de la Picardía, por entre verdes moquetas herbáceas moteadas de rebaños de vacas frisonas con olor a pastos y a mierda sana. La idea fue suya, repentina: Gina era así; yo era más joven. Nos casamos en París, dónde si no, en una capillita vacía de Saint-Germain-des-Prés, de forma urgente y sin invitados ni testigos –nunca se vio boda más triste, a pesar de todas aquellas palomas revoloteando dentro de la capilla- y, tras una cena íntima en una brasserie del Barrio Latino de cuyo nombre no quiero acordarme y cuyo antipático camarero, ay, desapareció tras el primer plato, consumamos con urgencia nuestro matrimonio en un hotel de tres estrellas cercano a los jardines de Luxemburgo, en un encuentro tan latino como el barrio que pisábamos, ya saben, Rayuela: Horacio Oliveira y la Maga haciendo retumbar a ritmo de jazz todo el hotelito de la rue Vaugirard desde los sótanos a las mansardas.

 

Cómo podía yo haber sospechado. Nunca encontré nada raro en su título en Psicología por la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Tampoco en su afición a esos libros de bolsillo que venden en los departamentos de Crecimiento Personal de las librerías. Y en principio tampoco encontré nada extraordinario en sus inclinaciones esporádicas a la parapsicología, a los horóscopos chinos y no chinos, a las cartas astrales, al tarot y la quiromancia, y a cuanta ociosidad esotérica se nos cruzara desde una librería, desde un escaparate, desde una emisora o un programa de televisión.

 

—Qué querés, boludo. Soy bruja, viste.

 

Ah, qué tiempos. Nos instalamos en Madrid, en aquel Madrid de los años ochenta, donde la llevaba a tomar cañas heladas en la Cruz Blanca o la Dolores y la besaba a sorbos en lóbregos cafés y tascas de Lavapiés o de Malasaña por entre las bajadas de tabernas y adoquines y de mierda de perro en cada esquina, donde aguantábamos el limosneo callejero de presuntos poetas angoleños o manchegos y perseguíamos por el Retiro a las ardillas de importación, donde nos abrazábamos en las Vistillas o en el templo del Debod y yo contemplaba sus ojos azul Mahón y su naricilla roma y su bustier de fantasía y allá al fondo la casa de Campo como si se tratara del mismo Masai Mara, donde de tarde en tarde descubríamos a un nuevo saxofonista en el Central, en Clamores o en un pasillo del metro de Antón Martín, o escuchábamos -qué tiempos- a Jaime Marques en el Whisky Jazz de Diego de León, o pateábamos la plaza de Oriente y la vadeábamos apartando las palomas (por Dios, cuántas palomas) hasta perdernos en una mesa del fondo de ese restaurante de La Latina que sólo Gina y yo sabíamos.

 

Bueno. Bien. Aceptémoslo. Sí hubo cosas muy extrañas desde el principio de nuestro matrimonio, pero entonces era joven y me faltaba experiencia para sopesar los hechos, o quizá me faltaba la voluntad de hacer frente a una realidad que producía vértigo. Porque no era tan joven como para no darme cuenta de que nunca tuvimos grandes problemas o grandes enemigos.

 

Es decir, sí teníamos contratiempos, claro, como todo el mundo, pero ocurre que simplemente no duraban.

 

Desaparecían.

(Continuará)

Martes, 15 de Abril de 2008 13:37.

Comentarios > Ir a formulario

gravatar.comAutor: Kepa Santisteban J.

Por el amor de D., cuándo estará la IV parte! espero que la historia conste al menos de unos MLXXVII capítulos! ;)

Fecha: 16/04/2008 09:34.


gravatar.comAutor: Marsu

Guau, esa primera cursiva, seguida de la segunda (que odio, por cierto), me han dejado hecha polvo hasta la próxima entrega.

Fecha: 16/04/2008 14:01.


gravatar.comAutor: Ignacio

Descuidad, Kepa, Marsu: La historia termina en la próxima entrega, IV y última. A ver si la cuelgo esta misma noche. Un abrazo.

Fecha: 16/04/2008 15:47.


Añadir un comentario

*

*
No será mostrado.


*

* Datos requeridos.


Prohibida la reproducción total o parcial, y en ningún soporte, de ninguno de los textos y archivos del blog "El hombre del Bósforo" en Blogia, sin la autorización expresa y por escrito del autor. Los textos de esta bitácora están inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual, y son para uso personal; en caso de utilizarlos total o parcialmente en cualquier publicación no venal (impresa, virtual, electrónica o de radiodifusión) se citarán siempre el autor y la fuente original, estableciendo un vínculo a la misma. Todos los textos de "El hombre del Bósforo", salvo indicación expresa, son creación de © Ignacio Jáuregui 2007-2008.
Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con iCities, 1001 relatos y el I Encuentro Rural de Blogs.]