Reencuentro, de Fred Uhlman (Tusquets)

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A punto de estrenarse la película Valquiria, de Bryan Singer (’Sospechosos habituales’), con la que Tom Cruise y la United Artists quieren resucitar la figura del conde Claus Schenk von Stauffenberg y recuperar para la memoria la sofocada resistencia alemana antinazi durante la 2ª Guerra Mundial, cabe reponer este post que publiqué cuando empezó el rodaje, en el verano de 2007, y volver a recordar Reencuentro, de Fred Uhlman (Tusquets).

Es éste un librito pequeño, de bolsillo, que se lee en una tarde, de apenas un centenar de páginas. Y como ocurre con otras pequeñas obras maestras, de Saint-Exupéry a Salinger, es imposible leerlo sin que a partir de su lectura empiece a haber un antes y un después a todo lo que uno escriba o intente escribir.

El libro trata al mismo tiempo de la adolescencia y del sentido de la amistad, pero también de la escuela alemana en épocas prehitlerianas, de los cachorros de la burguesía, del maravilloso paisaje suavo y bávaro, del descubrimiento de la cultura y el conocimiento, y quizás sobre todo ello, de la autenticidad y del sentido de la vida y la existencia.
Dos quinceañeros de familias burguesas asentadas desde hace siglos en Stüttgart asisten a comienzos de los años treinta al mismo colegio. Hans es hijo de un médico de origen judío; Konradin, hijo de una noble familia aristocrática local. A lo largo de un curso escolar, se desarrolla entre ellos una intensa amistad mutua, llena de inocencia y de amor por el terruño y de preguntas trascendentales propias de la edad de crecimiento físico e intelectual, mientras a su alrededor el aire puro de la Selva Negra se va viciando lentamente empujado por los vientos de Berlín, hasta desatar una lógica ruptura entre los dos que motiva el que jamás vuelvan a verse en los siguientes treinta años; ruptura que uno cree definitiva hasta el último capítulo, hasta la última línea.

Y hay que confesar que al terminar esta última línea y cerrar el libro, se le encoge a uno la glotis y tiene que mantener a raya una molesta lágrima asomada en el ojo que no acaba de irse de ahí en toda la tarde. Puede que en toda la vida.

(Con mi agradecimiento a Aldara Fernández de Córdova, que me descubrió a Uhlman).
Domingo, 04 de Enero de 2009 12:06. Autor: Ignacio Jáuregui. Enlazar artículo. Tema: Confieso que he leído.

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