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Sobre las influencias literarias

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Hállome solo en mi estancia

y dispóngome a escribir.

Y, todo se ha de decir,

no se espere en mí prestancia,

virtuosismo o relumbrón,

que falla la inspiración

por la falta de constancia.

¿Que a qué vienen estos versos?

Buena pregunta. Y a fé

que ni yo mismo lo sé.

¿Quizá a un instinto perverso,

peregrino y machacón

de llenar un papelón

desde el anverso al reverso?

Es posible. ¿Es que no puedo

relatar las mis desgracias?

—Sí que puede.                     

                          Muchas gracias.

De usted quedo.                     

                         —No hay de qué. 

No se sonría el lector

de listillo se las dando,

la su barba acariciando

y escondiendo el su rubor,

que al ver esta trova enteca

ya sé lo que está pensando:

que en mi verso estoy plagiando

a don Pedro Muñoz Seca.

No le quito la razón;

pues hasta el más torpe alcanza

a pensar, de corazón,

que la famosa Venganza

es obra sin parangón

en el género de chanza

versificada. Y comprenda

el lector la mi influencia,

y léame con paciencia,

y procure no le ofenda

este plagio de bajura.

Y es que la literatura

consiste, básicamente,

en, disimuladamente,

y sin cargos de conciencia,

copiar a nuestros ancestros

por la cara, haciendo nuestros

su estilo y sus ocurrencias,

y llamándolo “influencias”

de unos y de otros maestros.

Y en resumen, es por esto

que en estos versos se menta

de mis influencias, una.

Y en otra ocasión alguna,

juro confesar el resto.

Sábado, 25 de Agosto de 2007 10:23. Autor: Ignacio Jáuregui. Enlazar artículo. Tema: Rimas consonantes Hay 5 comentarios.

La canícula fracturada

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Sujetos los hombros en ocho un arnés,

tratando de aquietarle la clavícula

Truman ve cómo pasa la canícula

una semana tras otra, mes a mes,

sin conducir ni llevar pesos ni portes,

sin playa ni piscina ni deportes...

maldiciendo en arameo y neerlandés.

─¿Por qué, Truman, la clavícula

te ha partido la canícula?

─Por cambiar

el coche

por la moto,

buscando

de la canícula

frescura,

conseguí

una fractura

de clavícula.

Qué amargura,

ay, mísero de mí.

Por patinar

al entrar

en la rotonda

perdiendo así

el control

sobre la Honda.

─O sea que fue

al revés.

─Eso es,

amigo Sancho.

Que no fue

que la clavícula

me partiera la canícula.

Culpa fue

más bien

de la canícula,

que me partió

la clavícula

a lo ancho.

─Joder, Truman.

Qué faena.

─De la buena.

Ya lo ves.

Por no parar

con los pies

una caída

ridícula,

quedé condenado a estar

sin clavícula

en canícula.

Y no cabe disimulo,

que aún me queda para un mes,

de no quitarme el arnés,

como los mulos...

Sábado, 11 de Agosto de 2007 12:26. Autor: Ignacio Jáuregui. Enlazar artículo. Tema: Rimas consonantes Hay 12 comentarios.